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El salto prohibido que encendió Milán-Cortina

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El salto prohibido que encendió Milán-Cortina

Ilia Malinin no solo ganó, hizo historia, en  la final de patinaje artístico de los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, el joven estadounidense cerró su rutina con un movimiento que durante medio siglo estuvo vetado, el backflip. El público estalló en aplausos, las cámaras se multiplicaron sobre la pista y el gesto se convirtió en el momento más comentado de la jornada.

El salto prohibido había sido eliminado del reglamento por considerarse demasiado peligroso, durante décadas fue un mito, un recuerdo de los años setenta que sobrevivía en videos antiguos y conversaciones entre entrenadores, en  2024 la Federación Internacional de Patinaje lo autorizó de nuevo, aunque sin valor técnico en la calificación. Malinin lo sabía, y aun así decidió arriesgarse, no buscaba puntos, buscaba impacto.

Su rutina ya era suficiente para asegurar el oro, pero el backflip fue la firma, el sello personal que lo consagró como “El Dios del Hielo”. La ovación fue inmediata, con figuras del deporte y celebridades levantándose de sus asientos para aplaudir.

Malinin, hijo de patinadores que representaron a Uzbekistán, se convirtió en símbolo de audacia y evolución, su salto no solo rompió la rutina, también rompió la historia, lo  que antes era tabú ahora es tendencia, y lo que parecía imposible se transformó en el nuevo capítulo del patinaje artístico.

El oro fue suyo, pero lo que realmente ganó fue un lugar en la memoria colectiva de los Juegos Olímpicos. El salto prohibido dejó de ser prohibido y se convirtió en leyenda.

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